A Lionel Messi lo habían tentado para jugar en el seleccionado español pero él dice: "Jamás lo hubiera podido hacer. Soy argentino, rosarino y leproso"

 

 

 

ENSCHEDE, Holanda.- Llegó a España de la mano de su padre en septiembre de 2000, cuando era un pibe de 13 años y con 1,40m de estatura. Jorge Messi, ex empleado de la metalúrgica Acindar, entendió que los vaivenes económicos que sufría en la Argentina eran asfixiantes. Por eso, como tantos otros, pensó en un futuro mejor para su mujer, Celia, y sus hijos, Rodrigo, Matías, Marisol y Lionel Andrés, el habilidoso volante.

Sin embargo, antes de subirse al avión, Messi estuvo a punto de pasar de Newell´s a River. El problema es que se le había detectado un inconveniente en su crecimiento y el tratamiento demandaba una erogación de 900 dólares mensuales. Ninguno de los equipos argentinos se hizo cargo. ¿Cuál fue el resultado? Los Messi se contactaron con unos familiares de Lleida, una localidad cercana a Barcelona, y arreglaron los detalles del traslado definitivo. "Tengo que estar agradecido a España -dice Messi- porque me permitió desarrollarme como jugador y, a través del Barcelona, corregir un problema que tuve en las piernas. Tengo amigos españoles a los que quiero mucho. Igual extraño mucho la Argentina y quiero volver algún día."

Carles Rexach, responsable de las divisiones menores de Barcelona, tardó un minuto en hablar con los administrativos del club para incorporar a ese jugador bajito que lo encandiló en la primera prueba, y los padres de Lionel accedieron enseguida cuando se les ofreció costear los medicamentos para corregir ese problema hormonal que limitaba su crecimiento. Dicen que Rexach también llamó a la federación española para ver la posibilidad de que jugara para España.

-¿Es cierto que te sondearon para jugar en la selección española?

-Una vez, en la cantera del Barca, cuando estábamos por jugar una final, se apareció un técnico (Ginés Menéndez, del Sub 16) y me preguntó si no quería jugar para España. Me alegró la propuesta, pero le contesté que prefería esperar un llamado de mi país.

-Y si te tocaba enfrentar a la Argentina?

-Ni lo pienso. Jamás lo hubiera podido llevar adelante. Soy argentino, rosarino y leproso. Las costumbres y los afectos no se pierden.

Los primeros tiempos fueron duros. Confiesa que lloró cuando tuvo que despedirse de sus amigos y familiares directos. Su consuelo llegó en forma de ilusión en un país distinto de sus costumbres. A pesar del desarraigo, siempre supo que era lo mejor para su salud y su carrera. Por recomendación del club, Messi fue al colegio León XIII con otros chicos de La Masia, la pensión del Barcelona.

Durante algunos meses la familia estaba dividida porque su hermanita Marisol queria terminar la primaria en Rosario y su hermano mayor, Matías decidió no alejarse de sus amigos. El volante zurdo vive en un departamento a pocas cuadras del Nou Camp con su padre y con su hermano-confidente Rodrigo, que estudia para ser chef. "Ahora estoy un poco adaptado a esta manera de vivir, pero al principio sufrí mucho. Fue un cambio grande. Nuevas relaciones, nuevos amigos y el esfuerzo para adaptarme a la escuela. Por ejemplo, ahora cuando cumplo años extraño los festejos que mi viejo me preparaba en las canchitas del barrio Las Heras. Después de jugar a la pelota con mis amigos llegaba la torta en forma de pelota", recuerda.

Dice que pedirá un deseo relacionado con el proximo Mundial. "No voy a decirlo para no quemarlo, pero todos se lo imaginan." Tiene la frescura de su corta edad. La sencillez de una familia que soportó varios problemas. Y el talento para hacerse notar en un Mundial con jugadores más grandes que él. "Sería lindo festejar con la clasificación. Demostramos que estamos presionando bien en todos los sectores y generando muchas situaciones de gol. Empezamos mal, pero estoy convencido de que ahora estamos para cosas grandes", asegura este juvenil que ahora mide 1,70m y es la máxima atracción de la próxima Copa del Mundo.
 

Messi es decisivo en cada aspecto

Por Martín Castilla
Enviado especial

EMMEN, Holanda.- La precoz carrera de Lionel Messi venía dando material para el asombro y el elogio desde que dio el primer paso en Barcelona. Dentro y fuera de la cancha, como ya se destacó desde estas mismas líneas durante el último Sudamericano de Colombia, sorprende con una madurez que excede largamente sus 22 años.

Messi deja al descubierto su talento en cada paso. Aunque nadie quiere quemar etapas antes de lo previsto. Todo a su tiempo parece ser la mejor receta. Ya lo demostraron los entrenadores de los seleccionados juveniles. Hugo Tocalli, primero, en el Sudamericano, y Francisco Ferraroluego en pleno Mundial de Holanda. Más adelante se verá si las estrategias surten el efecto deseado. Mientras tanto, la habilidad fluye...

Por algo Barcelona se fijó en él cuando pocos lo hicieron, cuando la mayoría ni siquiera conocía su nombre. El se adaptó a las presiones y superó la adversidad, como la enfermedad en las hormonas del crecimiento, de cuyo tratamiento se hizo cargo el club catalán en 2000. Pero los días de angustia quedaron atrás. Hoy sólo importa la camiseta celeste y blanca.

Messi se mueve como eje del seleccionado nacional. Siempre responde y enriquece el juego; demostró que puede adaptarse a varios esquemas y que en cada uno es útil, y genera sociedades productivas que les provocan más de un disgusto incluso a los adversarios más duros.

No queda mal parado en ninguno de los rubros que el fútbol les reserva a sus promesas: en la geografía del área y sus alrededores muestra categoría, valentía, más una frialdad que quisieran muchos otros que se consideran avezados en el oficio del goleador; en el terreno de las presiones, su motivación y personalidad le permiten asumir equilibradamente, y sin confundirse, las responsabilidades, y en el espacio creativo sus arranques siempre despiertan la admiración de propios y de extraños.

En el rubro que fuera, Messi tiene la virtud de hacer fácil lo difícil y, como si fuera poco, en velocidad y hacia adelante, una virtud nada habitual en el fútbol de nuestros días. De ser goleador, sin desconocer otras facetas del juego; de ser vistoso, sin dejar de ser efectivo. Con el ingreso de Messi desde el arranque, el seleccionado argentino generó más situaciones, aunque es cierto que debe capitalizarlas antes para no sufrir tanto en partidos que parecen dominados. Decisivo desde cada punto de vista; desde lo estadístico y lo estético.